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miércoles, 4 de enero de 2012

Una noche productiva




Se sentía sola, como una muñeca frágil y maltratada que se fuera a romper en cualquier momento. Llevaba semanas sin salir de casa porque cada día que pasaba le parecía peor que el anterior y lo único que deseaba era no levantarse nunca de la cama y desaparecer de la faz de la tierra, dejar de existir así sin más. Tenía la cara pálida y los ojos sin ese brillo especial. Andaba perdida por las calles de esa gran ciudad como si fuese una niña que miraba expectante todo por primera vez. Ni ella misma se imaginaba lo que era capaz de hacer por sí misma, ya que tenía la autoestima por los suelos y todo le daba miedo. Pero sin saber porqué, un día dijo basta. Pensó que era demasiado joven para ser tan infeliz y que tenía que cambiar el chip pero ya, prefería morir de desfases que de disgustos. Entonces sacó de su armario esos viejos tacones altísimos que le regalaron pero que nunca se había puesto porque le parecía que eran demasiado para ella y ese ceñido vestido con un escotazo de infarto que le marcaba cada milímetro de las curvas de su cuerpo haciendo entrever un cuerpo de escándalo. Se maquilló combinando sombras doradas y negras después de repasarse la gran raya negra del párpado que la hacia sentirse más segura y para darle el toque final se pintó los labios de un rojo intenso y añadió un poco de gloss para que brillaran y fueran totalmente irresistibles.
Se peinó haciéndose en el flequillo tirabuzones de niña buena y planchando todos los demás mechones y salió a la calle pisando fuerte, super decidida a comerse todo lo que se le pusiera por delante. Todos los hombres se giraban a mirarla embobados y le soltaban algún piropo, las mujeres le envidiaban por lo bajo y la criticaban cuando pasaba, y por una vez en la vida se sentía sexy y deseada por todos. Esa noche del sábado se desataría y ya nunca volvería a ser la de antes, esa chica inocente que había echado a perder parte de su vida por estar lamentando algo que no valía la pena; iba a descubrir de lo que realmente era capaz. Esa noche cambió completamente, fue como si otra persona hubiese entrado en su cuerpo, se propuso conseguir todo lo que quisiera. Hombres, las presas más fáciles que podían haber, con una mirada y una sonrisa ya los tenía comiendo de la palma de su mano.
Juró en ese mismo momento vengarse de todo ese tiempo sufriendo en la soledad de su habitación, ese tiempo en el que se le hundió el mundo por culpa de una relación auto-destructiva, porque ese capullo a fin de cuentas la había hecho convertirse en lo que era ahora. Una mujer segura de sí misma, promiscua,sin escrúpulos y con una terrible sed de jugar con los hombres y divertirse a su costa. Todos los recuerdos románticos vividos con él en ese momento fueron enterrados en el mismísimo infierno para dar paso a noches de locura y sexo desenfrenado donde la única regla era no sentir otra cosa que no fuera placer. Observa como el típico chico con cara de pillo se le acerca lentamente, intenta hacerlo disimuladamente pero tanto el como ella saben que está ansioso por entrarle y dirigirle la palabra. Le hace un repaso con la mirada y llega a la conclusión de que es totalmente ponible y que con un comienzo como ese, la noche se augura muy interesante.
El chico se queda parado a pocos centímetros de ella y con una voz seductora le dice ''Ey pequeñaja ¿tienes hielo?''
Con una sonrisa picarona le guiña un ojo y le dice ''De pequeñaja nada, guaperas.''
Como ya podréis imaginar ese chaval no fue ni mucho menos el último de esa gran noche, pero si el primero de su nueva vida.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

No debiste acostumbrarme a tu voz si después solo ibas a dejarme silencios

  
Querer a alguien no deja de ser trágico. Quiero decir querer de verdad, claro. Y es trágico porque cuando ese alguien se va, te DESTROZA. Literalmente.
Duele… sin límites, sin sentido, sin tiempo…A ti no te importa, o eso parece... Por eso no puedo comprender por qué no acepto que esto es perder el tiempo, que hay cosas que simplemente no funcionan, y que tú a mí no me sientas bien. Tienes una capacidad innata para hacerme daño y mil excusas que por mi bien me tengo que creer... Lo peor de todo es que solo conseguimos hacernos peores personas, y a mí me da miedo abrir los ojos y quedarme sola…
Como si tú alguna vez me hubieses acompañado.



 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ojalá se cure con el tiempo

-¿Sabes por qué sigues sintiendo tanto dolor?
+¿Yo en que momento me enamoro de un gilipollas así? ¿Me lo puedes explicar? Porque cuando lo pienso te lo juro que no lo entiendo, me creía alguien con mas dedos de frente...
-Pero es que en el momento que te enamoras de esa persona no es ningún gilipollas, tú te enamoras de alguien que te deslumbra, que te encanta y admiras,no tiene nada que ver con la persona que luego aparece delante de ti. También creo que hay un componente educacional-social que explica porque normalmente las mujeres son víctimas del maltrato en mayor medida que los hombres. Yo creo que a las mujeres se les educa para que piensen que tienen que estar orgullosas de sus novios y maridos pero no de si mismas. Tú no te puedes quedar con eso, y más sobre todo cuando tienes el suficiente carácter como para no caer en una pérdida de autoestima tan grande... para empezar ni si quiera te sientes orgullosa de lo que estás haciendo y lo llevas de puta madre, empieza por ahí. También creo que hay otro componente que va explícito en nuestra educación tanto hombres como para mujeres que cada vez que pasamos por un momento así y tenemos que salir adelante una vez que alguien nos ha hecho daño pretendemos echar balones fuera y culpar al otro en lugar de reconocer las cosas que no hemos sabido hacer bien nosotros. Es necesario para no repetir esquemas la próxima vez que decidas volver a intentarlo, es más productivo y es lo único que puedes hacer, ya que no le vas a cambiar a el, la única persona a la que puedes cambiar es a ti misma.


lunes, 28 de noviembre de 2011

Analizar los te quiero

¿Cuantos te quieros dices en toda tu vida? ¿Recuerdas alguno en especial? Hay miles de millones    de te quieros y cada uno de ellos son para una persona distinta: para un padre, para tu hermana, tus abuelos, tus amigos, tu pareja... Toda aquella gente que te formó y que te hicieron como eres ahora. Por eso un te quiero resume toda una vida, todo el calor que has recibido, ese cariño con un abrazo, un beso o una mirada..ahí está el te quiero más sincero que podrás recibir jamás. Por eso cuando veas cada foto sonríe, cada vez que recuerdes sonríe porque ha sido tu pasado, y si ahora eres feliz o intentas serlo piensa que llevas muchos años viviendo. ¿Después de tanto tiempo no lo harás tan mal verdad? Sonríe y di te quiero, pero un te quiero sincero, diferente al resto.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Perdona si sobra algún tabique emocional

Me encanta, es un fragmento del libro de Risto Mejide, este hombre nunca ha sido santo de mi devoción pero esto me ha emocionado muchísimo.
Perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más. Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez. El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y fotos guardadas no sé donde. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso. El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú. Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve pasados unos minutos. Discúlpame si es la única solución, eso es lo que tengo yo; a estas alturas ya no me fabrican los recambios. Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitan más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mias lo aguantan todo. Para acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofá de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que lo disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida y yo voy pidiendo presupuestos.

martes, 15 de noviembre de 2011

Vanas esperanzas




Si, así es. Desde que te fuiste no es lo mismo. Es cómo si algo dentro, muy dentro de mí, me exigiera paciencia. ¿Qué quiere decir exactamente tener paciencia? Dímelo tú, porque yo ya no lo sé. Yo sigo aquí esperandote. Y te esperaré hasta que mis ojos se cansen de mirar tu foto, hasta que mis labios ignoren tu nombre y mis palabras tropiecen con otra persona, otra que no seas tú. Sólo espero que cuándo ese día llegue, ya hayas decidido lo que vas a hacer con todo esto. Aunque no lo veas, mis sueños siguen ahí, anclados en ésa roca. ¿Dónde irán las promesas que no se cumplen? ¿Volverán para hacerse realidad, o, simplemente se transformarán en ceniza para acabar en tu triste cenicero? A veces me da miedo el pensar que algún día te puedo olvidar. Eres lo más bonito que tengo a mi alrededor. Tú eres el único en el que confío plenamente, aunque no estés aquí para comprobarlo. Cerraría los ojos y me dejaría guiar por ti ¿Dónde me llevarías? No lo sé. Lo importante es que tú serías mi guía, y ¿el destino?… ¿A quién le importa? Iría contigo al fin del mundo, a un desierto o a la mismísima selva tropical, llena de arañas, tarántulas y bichos insoportables y asquerosos. Simplemente con el fin de estar contigo me transformaría en colilla para acabar en tu boca, y poder saborear el dulce aroma de tus labios. Me subiría en un tren, no me importa el destino si tú estuvieras esperándome en la parada. Me equivocaría mil billones doscientos setenta y seis mil millones, seiscientos veintiocho mil setecientos cuarenta y ocho veces, para saber lo que se siente y aprender de mis errores. ¿Serás tú mi peor error? No lo sé… Sólo dame tiempo para comprobarlo.


domingo, 30 de octubre de 2011

Blog de Elena y el sexo

Para casi todo el mundo que conozco es una bobada, pero yo, jamás, bajo ninguna circunstancia, pase lo que pase, me acuesto con nadie con pelos en las piernas. Aunque sean sólo unos poquitos, de esos que casi ni se ven.
Hoy me acordaba de la noche que conocí al joven más hermoso que transita por Madrid -concretamente, por las calles de Malasaña-: Fernando. Su nombre señorial no es siquiera una muestra de su planta; espaldas anchas, hombros rectos, torso marcado, piernas delgadas, culo prieto. ¡Y qué decir de sus negros ojos, su boca amplia, sus dientes blancos y pequeños…! Es una de esas personas que provoca giros de cuello a todos los géneros. Más de uno ha debido dislocarse algo tras su paso.
Lejos de todo pronóstico y nunca jamás repetido, el apuesto y señorial caballero se acercó –completamente beodo, obviamente- en un momento de descuido a ésta que lo cuenta insinuando deseo y necesidad de contacto. El asunto fue bien –magreos y morreos del JoseAlfredo al Nasti- hasta que lanzó la pregunta: “¿Vamos a mi casa?”.
Excitada y horrorizada al mismo tiempo, me arrepentí más que nunca de no haber hecho uso de la cera, la epilady e incluso la cuchilla un poco antes de salir. Un simple gesto –seguido de dolor, picores, granitos y rojeces- no acontecido me había jodido un polvo de ésos que se prodigan, de ésos que, cuando te vuelves a encontrar al tipo en cuestión, los que te rodean preguntan: “¿De verdad que a ése te lo has tirado tú?”.
Él insistía y yo sudaba tinta mientras le explicaba que no podía, que al día siguiente tenía un bautizo y que tenía que dormir en mi casa. “Hombre, no hace falta que te quedes a dormir si no quieres…”. Cada cosa que decía lo ponía más difícil. ¿Cómo coño le explicas a alguien que no puedes follar porque pareces Chewaka? Yo repetía todo el tiempo “Si quieres, te dejo mi teléfono y mañana quedamos para cualquier cosa”. Pero mañana nunca es ahora y al hijodeputa del macizo number one le picaba en ese momento.
Creo que ésta es la vez que más cerca he estado de acostarme con un bombón de ese calibre, y también la que estuve apunto de amputarme las piernas y ponerme unas de madera. Aunque seguro que, milagrosamente, crecería vello sobre el barniz.