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miércoles, 21 de diciembre de 2011

No debiste acostumbrarme a tu voz si después solo ibas a dejarme silencios

  
Querer a alguien no deja de ser trágico. Quiero decir querer de verdad, claro. Y es trágico porque cuando ese alguien se va, te DESTROZA. Literalmente.
Duele… sin límites, sin sentido, sin tiempo…A ti no te importa, o eso parece... Por eso no puedo comprender por qué no acepto que esto es perder el tiempo, que hay cosas que simplemente no funcionan, y que tú a mí no me sientas bien. Tienes una capacidad innata para hacerme daño y mil excusas que por mi bien me tengo que creer... Lo peor de todo es que solo conseguimos hacernos peores personas, y a mí me da miedo abrir los ojos y quedarme sola…
Como si tú alguna vez me hubieses acompañado.



 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ojalá se cure con el tiempo

-¿Sabes por qué sigues sintiendo tanto dolor?
+¿Yo en que momento me enamoro de un gilipollas así? ¿Me lo puedes explicar? Porque cuando lo pienso te lo juro que no lo entiendo, me creía alguien con mas dedos de frente...
-Pero es que en el momento que te enamoras de esa persona no es ningún gilipollas, tú te enamoras de alguien que te deslumbra, que te encanta y admiras,no tiene nada que ver con la persona que luego aparece delante de ti. También creo que hay un componente educacional-social que explica porque normalmente las mujeres son víctimas del maltrato en mayor medida que los hombres. Yo creo que a las mujeres se les educa para que piensen que tienen que estar orgullosas de sus novios y maridos pero no de si mismas. Tú no te puedes quedar con eso, y más sobre todo cuando tienes el suficiente carácter como para no caer en una pérdida de autoestima tan grande... para empezar ni si quiera te sientes orgullosa de lo que estás haciendo y lo llevas de puta madre, empieza por ahí. También creo que hay otro componente que va explícito en nuestra educación tanto hombres como para mujeres que cada vez que pasamos por un momento así y tenemos que salir adelante una vez que alguien nos ha hecho daño pretendemos echar balones fuera y culpar al otro en lugar de reconocer las cosas que no hemos sabido hacer bien nosotros. Es necesario para no repetir esquemas la próxima vez que decidas volver a intentarlo, es más productivo y es lo único que puedes hacer, ya que no le vas a cambiar a el, la única persona a la que puedes cambiar es a ti misma.


lunes, 28 de noviembre de 2011

Analizar los te quiero

¿Cuantos te quieros dices en toda tu vida? ¿Recuerdas alguno en especial? Hay miles de millones    de te quieros y cada uno de ellos son para una persona distinta: para un padre, para tu hermana, tus abuelos, tus amigos, tu pareja... Toda aquella gente que te formó y que te hicieron como eres ahora. Por eso un te quiero resume toda una vida, todo el calor que has recibido, ese cariño con un abrazo, un beso o una mirada..ahí está el te quiero más sincero que podrás recibir jamás. Por eso cuando veas cada foto sonríe, cada vez que recuerdes sonríe porque ha sido tu pasado, y si ahora eres feliz o intentas serlo piensa que llevas muchos años viviendo. ¿Después de tanto tiempo no lo harás tan mal verdad? Sonríe y di te quiero, pero un te quiero sincero, diferente al resto.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Perdona si sobra algún tabique emocional

Me encanta, es un fragmento del libro de Risto Mejide, este hombre nunca ha sido santo de mi devoción pero esto me ha emocionado muchísimo.
Perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más. Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez. El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y fotos guardadas no sé donde. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso. El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú. Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve pasados unos minutos. Discúlpame si es la única solución, eso es lo que tengo yo; a estas alturas ya no me fabrican los recambios. Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitan más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mias lo aguantan todo. Para acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofá de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que lo disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión. Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida y yo voy pidiendo presupuestos.

martes, 15 de noviembre de 2011

Vanas esperanzas




Si, así es. Desde que te fuiste no es lo mismo. Es cómo si algo dentro, muy dentro de mí, me exigiera paciencia. ¿Qué quiere decir exactamente tener paciencia? Dímelo tú, porque yo ya no lo sé. Yo sigo aquí esperandote. Y te esperaré hasta que mis ojos se cansen de mirar tu foto, hasta que mis labios ignoren tu nombre y mis palabras tropiecen con otra persona, otra que no seas tú. Sólo espero que cuándo ese día llegue, ya hayas decidido lo que vas a hacer con todo esto. Aunque no lo veas, mis sueños siguen ahí, anclados en ésa roca. ¿Dónde irán las promesas que no se cumplen? ¿Volverán para hacerse realidad, o, simplemente se transformarán en ceniza para acabar en tu triste cenicero? A veces me da miedo el pensar que algún día te puedo olvidar. Eres lo más bonito que tengo a mi alrededor. Tú eres el único en el que confío plenamente, aunque no estés aquí para comprobarlo. Cerraría los ojos y me dejaría guiar por ti ¿Dónde me llevarías? No lo sé. Lo importante es que tú serías mi guía, y ¿el destino?… ¿A quién le importa? Iría contigo al fin del mundo, a un desierto o a la mismísima selva tropical, llena de arañas, tarántulas y bichos insoportables y asquerosos. Simplemente con el fin de estar contigo me transformaría en colilla para acabar en tu boca, y poder saborear el dulce aroma de tus labios. Me subiría en un tren, no me importa el destino si tú estuvieras esperándome en la parada. Me equivocaría mil billones doscientos setenta y seis mil millones, seiscientos veintiocho mil setecientos cuarenta y ocho veces, para saber lo que se siente y aprender de mis errores. ¿Serás tú mi peor error? No lo sé… Sólo dame tiempo para comprobarlo.


domingo, 30 de octubre de 2011

Blog de Elena y el sexo

Para casi todo el mundo que conozco es una bobada, pero yo, jamás, bajo ninguna circunstancia, pase lo que pase, me acuesto con nadie con pelos en las piernas. Aunque sean sólo unos poquitos, de esos que casi ni se ven.
Hoy me acordaba de la noche que conocí al joven más hermoso que transita por Madrid -concretamente, por las calles de Malasaña-: Fernando. Su nombre señorial no es siquiera una muestra de su planta; espaldas anchas, hombros rectos, torso marcado, piernas delgadas, culo prieto. ¡Y qué decir de sus negros ojos, su boca amplia, sus dientes blancos y pequeños…! Es una de esas personas que provoca giros de cuello a todos los géneros. Más de uno ha debido dislocarse algo tras su paso.
Lejos de todo pronóstico y nunca jamás repetido, el apuesto y señorial caballero se acercó –completamente beodo, obviamente- en un momento de descuido a ésta que lo cuenta insinuando deseo y necesidad de contacto. El asunto fue bien –magreos y morreos del JoseAlfredo al Nasti- hasta que lanzó la pregunta: “¿Vamos a mi casa?”.
Excitada y horrorizada al mismo tiempo, me arrepentí más que nunca de no haber hecho uso de la cera, la epilady e incluso la cuchilla un poco antes de salir. Un simple gesto –seguido de dolor, picores, granitos y rojeces- no acontecido me había jodido un polvo de ésos que se prodigan, de ésos que, cuando te vuelves a encontrar al tipo en cuestión, los que te rodean preguntan: “¿De verdad que a ése te lo has tirado tú?”.
Él insistía y yo sudaba tinta mientras le explicaba que no podía, que al día siguiente tenía un bautizo y que tenía que dormir en mi casa. “Hombre, no hace falta que te quedes a dormir si no quieres…”. Cada cosa que decía lo ponía más difícil. ¿Cómo coño le explicas a alguien que no puedes follar porque pareces Chewaka? Yo repetía todo el tiempo “Si quieres, te dejo mi teléfono y mañana quedamos para cualquier cosa”. Pero mañana nunca es ahora y al hijodeputa del macizo number one le picaba en ese momento.
Creo que ésta es la vez que más cerca he estado de acostarme con un bombón de ese calibre, y también la que estuve apunto de amputarme las piernas y ponerme unas de madera. Aunque seguro que, milagrosamente, crecería vello sobre el barniz.

domingo, 23 de octubre de 2011

La gente no sabe amar


La gente no sabe amar. Muerde en vez de besar y abofetea en vez de acariciar. Puede que sea porque se da cuenta de lo fácil que es que el amor salga mal. De repente se vuelve imposible, impracticable, un ejercicio de inutilidad. Así que lo evita y busca consuelo en la angustia, el miedo o la agresividad, que siempre están ahí y son accesibles. Y puede que sea porque no se dispone de suficiente información. La ira y el resentimiento pueden enturbiar tu cerebro. Eso lo sé ahora. No necesitan mucho para mostrarse, salvo la vida que consume y extingue. No obstante la ira, es algo muy real. Incluso cuando solo es indignación, puede cambiarte, transformarte, moldear y darte la forma de algo que no eres. Por eso el único lado positivo de la ira, es la persona en la que te conviertes. Con suerte, puedes despertar un día y darte cuenta de que no tienes miedo en tu viaje y que sabes que la verdad es como mucho, una historia parcialmente relatada. Porque la ira, como todo en la vida, viene a rachas. Y cuando la dominas, su estela deja una nueva oportunidad de aceptarte como eres y la promesa de tranquilidad. Aunque claro, ¿qué sé yo de todo eso?